miércoles, 23 de diciembre de 2015

El Otro Rostro De La Navidad

El sol brillante se dejaba ver desde un orificio de la puerta de la habitación de Tina, una pequeña de complexión delgada, un peculiar gorro tejido con hilos de colores fácilmente combinable, y una dulce sonrisa que dejaba a la luz sus pequeñas piezas dentales de leche, característicos de su tierna edad.

Su padre un hombre de gran estatura, cuya cabellera reflejaba un brillo plata por los años vividos, y una mirada tierna que demostraba la bondad que había en su corazón,  era quien despertaba con un dulce beso a la pequeña, y la ayudaba a desayunar y elegir qué vestir antes de llevarla al instituto; así fue desde que ella lo recuerda, así era desde que la madre de Tina fue arrebatada por una fatal enfermedad que no dio pie a despedidas.

La situación económica existente y la crisis que enfrentaba la diminuta familia en pleno noviembre, había logrado crear un declive en los negocios de su padre, razón por la que la pequeña debía vivir de forma indefinida en aquel instituto hasta que él se restableciera y poder compartir más tiempo con su hija adorada. En este lugar, la niña compartía a diario con otros amiguitos, pero sin duda, su preferido era un pequeño al que llamaba Poncho; un niño de su edad, piel oscura, cabello corto, e inmensos ojos, que siempre iba a visitarla en sus sueños, para emprender presurosos mil aventuras que la hacían recobrar fuerzas en cada nuevo amanecer.

Las mañanas en el instituto resultaban largas y desabridas,  con aquel sin sabor que provocaba a Tina,  la ausencia de su padre “Daniel”;   quien aunque lejano, le hacía notar su amor con pequeños detalles que ella encontraba en el velador de madera,  situado junto a su cama. 

- “¿Qué nos cuenta de nuevo Poncho?”,  preguntó una de las señoras que trabajaba en el lugar por casi una década.  Los pequeños y adultos solían llamarle Sra. Elba,  no por su edad,  sino por el respeto y la simpatía que causaba entre las personas que la rodeaban.  Ella se había convertido en alguien infaltable en los eventos realizados por el instituto,  sea por cultura o solidaridad,  siempre estaba presente para compartir o contribuir en lo que la necesitasen,  jugando un papel importante en la vida de los pequeños,  ya que era quien mostraba más apego y comprensión,  de aquel que sólo una madre podría brindar.
- “Anoche estuve con mamá”,  respondió la pequeña. 
Atónita por la réplica,  y conociendo de la ausencia de la madre de Tina,  la Sra. Elba se sentó junto a ella para indagar un poco más acerca del sueño de la pequeña,  pero nada obtuvo ya que Tina solo pudo mantener una sonrisa por el encuentro del que había sido partícipe.

En general,  Tina estaba rodeada de personas muy valiosas que la cuidaban,  heredaban valores,  le trazaban sueños,  pero siempre le recordaban  que debía vivir y entregarse a sus emociones un paso a la vez.
- "Después de todo, Roma no se hizo en un día", le comentó en algún momento Carlos, un joven de unos 27 años que laboraba por horas en el instituto. Él era muy jovial, y hábil jugando el "chantón",  y era el centro de  admiración de muchos pequeños al momento de escribir palabras complejas en la menor cantidad de tiempo posible. Carlos era de aquellos que amaban su profesión, y siempre había preferido trabajar con niños,  al sentir que su vida se alargaba con las sonrisas y la ingenuidad de los pequeños que lo rodeaban.

La compañera de habitación de Tina,  tenía por nombre Verónica, una chiquilla de 5 años que se caracterizaba por su elocuencia y pericia al mover sus manitas, como gesticulando a cada instante todo lo que su boca pronunciaba.  Para Tina,  sus artes de oradora le bosquejaban un magno camino hacia los medios televisados,  haciéndose a la idea de que su amiga crecería y podría trabajar en televisión junto a Doraemon,  o que quizás podría verla con apuntes en mano y un globo terráqueo, indicando el momento en que serían emitidas las noticias internacionales. 

Tina solía inducir a su amiga a la realización de este sueño,  para que llegado el día y cuando fuesen adultas,  ambas pudiesen salir a comer un helado enorme de los que vende el señor de la esquina del instituto,  y conversar temas complejos como lo dificultoso que es para los pitufos vivir bajo la sombra de los hongos,  y demás temas propios de su niñez que acaparaban su atención la mayor parte del día.

El vaivén de las horas  -junto a las ocurrencias de las pequeñas-   era irrefutablemente divertido,  mas lo cierto es que Tina realmente extrañaba a su padre.  Don Daniel era de aquellos hombres con el alma de niño,  que pasó los cortos años de vida de Tina,  inculcando con el ejemplo lo valioso de abrazar a un amigo sin motivo aparente,  sonreír ante las adversidades,  o compartir unos minutos con alguien que en aprietos se encuentre para calmar su desasosiego.  Pero por sobre todo,  su progenitor supo  cultivar en ella  la semillita de la fe,   para aun cuando los momentos fuesen difíciles,  saber esperar con paciencia fundida de hierro,  a aquellos planes que solo la vida,  el destino y Dios saben que nos deparan.

Noviembre lucía intermitente y cercano a su final, y el instituto estaba como siempre, lleno de niños en cada área, ya sea en los dormitorios, el comedor o en la pequeña capilla que había en aquel lugar.  Diciembre venía presuroso con sus villancicos, dulces lloviznas, y olor a chocolate recién hecho. Tina, como toda pequeña de su edad, soñaba con la noche en que Santa llegase hasta su morada, imaginando desde ya,  el sonido de los cascabeles que marcarían la ruta del trineo por todos los hogares del mundo.

Tina estaba segura de que él, era tal y como lo describían los cuentos,  un ser bonachón,  con unas libras de más, y de carcajada estruendosa.  Anhelaba tener la oportunidad de ver con sus propios ojos, a los audaces renos surcando por todo el cielo.  Sin embargo,  no era eso lo que inquietaba a la pequeña,  ya que tenía dos peticiones como deseos de Navidad, y es que deseaba con todas las fuerzas de su corazón,  poder dar una vuelta en el trineo,  y visualizar las estrellas tan cerca como fuesen posible para comprobar su inmensidad,   tal como Poncho le había rumorado en una de sus pláticas nocturnas.     

Fue así como decidió llevar a cabo un extenuante plan para el arribo de Santa, que comprendía desde su ingreso al instituto, las bebidas que neutralizarían su sed y la de sus renos, y el tipo de galletas que han de preferir.  Un calendario viejo y decolorado hallado por ahí, se convirtió en el fiel compañero de Tina, desde que comenzó su aventura de prepararlo todo.  El itinerario era un tanto complejo para alguien de su edad,  sin embargo iba a ser efectuado a rajatabla así fuese por breves minutos o lo que dure la permanencia de Santa en el instituto;  en realidad aquello no importaba, lo realmente significativo era poder compartir con él, y contarle acerca de sus deseos de Navidad, en los que estaba incluido su salida en trineo en un viaje por las estrellas.

El segundo de sus deseos no era algo ostentoso, mas el sueño le arrancaba.  Esto de cultivar la fe en un pequeño ser, había logrado que ella deje de soñar y actúe inimaginablemente por alcanzarlo.  Deseaba de todo corazón cumplir sus sueños,  al mismo tiempo que esperaba que su padre la visitase aquel día para otorgarle la oportunidad de que él también conozca a Santa.

Es a bien conocida la popularidad que llevaba sobre sus hombros Papá Noel en sus viajes por el mundo entero,  de sitio en sitio,  de hogar en hogar,  instituto en instituto para entregar obsequios y cumplir los deseos de los niños y niñas que se han portado bien durante todo el año.   Estaba por demás justificada la razón por la cual la pequeña Tina había centrado sus ojitos adormilados en él,  ya que sin duda consideraba haber cumplido con los lineamientos que rigen en la sociedad y que separa un niño malcriado,  de uno que no lo es.

El canto del gallo “Emanuel” era el indicio de que algo bueno estaba por venir.  Tina con un brinco,  y muy entusiasmada en sacar el máximo provecho de cada segundo del día,  se apresuró a cepillarse los dientes,  enjuagar su pálido rostro y ponerse su gorrito de colores   -para así junto a Verónica-  maquinar con dedicación cada táctica que harían que este infalible plan,  fluya de la forma adecuada.

El primer paso fue escribirle una carta a Santa,  era obvio que debía empezar por ahí,  ya que el protocolo demandaba que la solicitud se realizase por escrito en primera instancia;  aunque la verdad,  este tipo de asuntos ponían en aprietos a Tina y Verónica,  ya que apenas y empezaban a reconocer las vocales,  por ello tuvieron que ir en búsqueda de Carlos para que las ayudase.  Sin duda,  él era la persona indicada para redactar una carta,  misma que contenía el siguiente texto:
Querido Santa,

Te escribimos  para que no te olvides de pasar a visitarnos a Verónica y a mí en el Instituto.  No queremos juguetes este año,   la verdad tenemos suficientes.  Sólo tengo una petición especial…  Bueno de hecho son dos.
También te presentaré a  papá.  Tendremos galletas y bebidas que la Sra. Elba preparará.

P.D. Si puedes, por favor dinos  ¿Qué sabor de galletas prefieren los renos?

Con amor,
Tina



El trajín del día estaba terminando, y como resultado todo el personal del instituto se encontraba fatigado  -aunque visiblemente-  éste había sido mucho más agobiador para las pequeñas.  Después de tanto ir y venir se quedaron dormidas una junto a la otra.  Tina tenía en una de sus manos la carta,  mientras que en la otra llevaba una bandita rosa para ocultar una pequeña laceración que se hizo durante el día en una de sus actividades.

La vida en el instituto no era del todo aburrida,  aunque si podría describirse como dolorosa para cualquier pequeño,   pues  la distancia removía en ellos el sentimiento de nostalgia que ocasionaba este mes de unión y desapego a los materialismos;  sin embargo sabían que este espacio de tiempo,  constituía una prueba de vital importancia para crecer con un mejor porvenir.

Cuán irónica es la vida y tal complejidad la envuelve, que para brindarle lo mejor a sus criaturas,  los padres deben auto destruir su vínculo familiar físico, y encargarlo con personas ajenas, para obtener el tiempo suficiente y producir el dinero con el que sus necesidades se vean satisfechas.

Por otra parte,  dormir plácidamente aparentan los chiquillos del instituto;  sin embargo,  la travesía para Tina no termina y una vez más,  Poncho se hace presente en sus sueños.
- “¡Estoy segura que Santa llegará al instituto!”,  le comentó emocionada Tina.
- “Está bien… ¿Pero y si no viene?,  recuerda que no tenemos mucho tiempo”,  le reiteró Poncho.
- “Mi papá dice que si lo deseamos de corazón,  se cumplirá”,  replicó Tina antes de ser despertada súbitamente.
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- “Princesita despierta,  ¡Te amo!”,  susurró Don Daniel,  y besó su frente como había acostumbrado desde que la infante a su vida llegó. 
“He venido a verte”,  le dijo mientras ella se despertaba de su profundo sueño lentamente.

Una nublada mañana de domingo era el escenario para un encuentro familiar,  ya que hace días,  varios inconvenientes relativos a la salud copaban el tiempo de Don Daniel por demás.  Sin palabras aparentes pero con gran apremio,  la niña se abalanzó hacia su padre para besarlo y recibirlo,  luego de verlo por segunda vez desde que ingresó al instituto.
- “Siéntate chiquita,  déjame y te pongo tus pantuflas nuevas”, le dijo su padre mientras le probaba su regalo.
La pequeña sonrió encantada por su obsequio, y le alcanzó la carta que habían escrito a Santa, para que su progenitor tomase conocimiento del evento de bienvenida que ella estaba organizándoles. Él,  a más de prometerle su asistencia,  le aseguró que dicho día sería el último que ella pasaría allí,  pues ya estaba todo preparado para su regreso a su pequeño hogar.

La tarde amenazaba con terminar,  y el tic-tac del reloj se dejaba oír en la corta despedida de Don Daniel y Tina.  Antes de que su padre se retire,  la niña guardó la carta en el bolsillo de su camisa,  haciendo que se comprometa con enviarla hasta el Polo Norte,  que es donde habita Santa,  a fin de que llegue al homenaje que le estaban organizando en el Instituto a como de lugar.

Tina y Verónica compartieron unos minutos antes de ser llamadas a descansar a sus habitaciones,  y concluyeron que sería genial si aprendiesen a escribir para redactar una carta más personal y entregarla a Santa el día de la visita.  Además,  acordaron dibujar un par de retratos,  que serían entregados como obsequios a Papá Noel,  para que las recordase siempre.  

Al día siguiente  -a primera hora-  y tan pronto les fue permitido abandonar sus respectivas camas,  empezaron con las clases de escritura dictada por su amigo Carlos,  experto en la materia.  Las clases intensivas se llevaban a cabo   en las mesitas ubicadas en las áreas verdes junto a los dormitorios,  y así los tres a más de aprender,  también aprovechaban los primeros rayitos del sol de la mañana para fortalecer sus tiernos huesitos.

Copando recesos y diminutos descansos,  las infantes practicaban su caligrafía trazando letras,  luego nombres e incluso lograban escribir pequeñas oraciones,  que conservaban los rasgos imperfectos y enredados que su corta edad les reflejaba. 

El tan ansiado día había llegado y el calendario mostraba garabatos realizados con pinturitas para destacar la importancia que debía tener el gran día.  Era veinte y cuatro de diciembre y sin duda la jornada más cansada se vivía aquel día,  ya que estaban sólo a horas del tan esperado evento de bienvenida.  Las galletas fueron hechas de espinaca para los renos y de vainilla para los invitados,  también había una fuente de chocolate caliente para su acompañamiento.  En este evento que nació de la mente de dos pequeñas,  terminó incluyéndose todo el instituto,  quienes trabajaban paralelamente para cumplir el sueño de las chiquillas que deseaban conocer a Santa y pedirles personalmente sus deseos,  mismos que habían transcrito en un pequeño pedazo de papel.

Debido a los esfuerzos sobrehumanos de las pequeñas,  ambas cayeron rendidas ante el cansancio,  esperando que quizás Carlos,  la Sra. Elba o Don Daniel las despertasen en cuanto llegara Santa.  Mientras tanto,  aprovechando el descanso de los niños y niñas del instituto,  los adultos se esmeraban en arreglarlo todo para que el invitado arribe.

Uno de los padres de familia,  en vista de la algarabía suscitada entre los pequeños por la llegada de tan magno personaje,  ofreció suplantar momentáneamente la identidad de Santa, para brindar amor y alegría en un día tan especial para cada uno de ellos.  Su disfraz fue lo suficientemente elaborado para simular los kilos de más y su larga barba platina que fue diseñada con mucho esmero por la Señora Elba,  en la que sólo dejaba entrever las mejillas de nuestro querido e improvisado Papá Noel.

Media noche marcaba el reloj,  y enternecido por el apoyo de cada uno de los amigos de su hija,  Don Daniel procedió a acercarse a la cama de la pequeña,  para besarle la frente e intentar despertarla.
- “¡Despierta princesita,  Santa está aquí!”, exclamó suavemente el padre a su pequeña hija.

Por los pasillos,  todos los niños gritaban de alegría al saber de la buena nueva,  Santa había cumplido su promesa y allí estaba compartiendo sonrisas y entregando obsequios a los pequeños.  Sin embargo,  algo raro pasaba en la habitación de Tina. 

Don Daniel,  su padre,  tomó su mano en la que aún llevaba puesta su bandita color rosa,  y le besó por reiteradas ocasiones la frente,  pero algo había salido mal,  ésta vez la táctica no arrojaba ningún resultado. 

De pronto, la alegría por la visita del astuto Santa se vio opacada por un grito desgarrador que provenía desde cuidados intensivos.  Los médicos de guardia, la Sra. Elba y Carlos fueron presurosos a ver lo que sucedía,  ante el grito desconsolado de un padre que inútilmente clamaba al cielo,  le permita despertar una vez más a su princesita.  Sin embargo,  toda petición y todo intento por reanimarla fueron inservibles.  

El instituto de Oncología había perdido a otra de sus pequeñas luchadoras en una batalla sin precedentes,  en la que la soñadora criatura estaba siendo gravemente afectada por una metástasis que finalmente le había ganado la pelea en tan empedrado caminar.  La pequeña habría heredado la enfermedad catastrófica que un día le arrebató a su madre,  y que ahora en plenas fiestas,  enluta nuevamente a su padre,  quien entregó todo lo que tenía por ver a su pequeña tranquila hasta el día en que su luz se encendiese eternamente en el firmamento.  La princesita había abandonado su castillo,  irrumpiendo brutalmente los sueños de su rey.


La pequeña Verónica lloraba junto al féretro de su inseparable amiga,  sin entender por completo que quizá era la última vez que podían verse,  sin comprender que de esa historia de amor fraternal,  sólo quedarían las largas conversaciones mientras esperaban sus tratamientos paliativos,  y que ya no compartirían sus banditas rosas para ocultar las heridas y moretones que les marcaba las jeringas en sus manitas.  La vida le estaba enseñando a ser fuerte a costa del dolor y ahora era ella quien debía enfrentar sola la enfermedad.

Los Doctores de cabecera,  la Sra. Elba y Carlos,  no podían comprender como alguien quien apenas podía sobrellevar tan pesada enfermedad,  pudo preparar la llegada de Santa con tanta entrega y ahínco.  La realidad de tan feroz padecimiento,  que se ensaña abruptamente con sus víctimas,  sin fijarse en fechas,  ni calendarios.

Mientras tanto,  Don Daniel,  aún con lágrimas en los ojos,  luego de los protocolos de rigor y recogiendo los pequeños enseres de su hija,  encuentra sobre la mesita de noche,  una hoja que tenía un retrato hechos con crayones,  que mostraban a una niña con un gorrito de colores tomada de la mano de un señor alto,  con cabello teñido de crayola color blanco,  y al otro extremo tenía de la mano a un niño de su misma estatura,  con la  piel coloreada con crayón marrón,  de ojos inmensos,  y de amplias alas.  Aquella era la pinturita que la pequeña pensaba entregarle a Santa,  y que contenía un pequeño texto en la parte trasera que decía:

“Querido Santa, 
Poncho me ha dicho que debemos irnos a un lugar donde podré ver las estrellas junto a mi mamá.  Te prometo que me portaré bien,  estoy muy feliz por conocerla.
Tengo un único deseo,   no dejes olvidar a papá lo mucho que lo amo.


Tina.”

lunes, 8 de junio de 2015

Telebasura

¡Hola amigos!

He vuelto y esta vez un poco sacada de onda por tantas publicaciones en redes sociales,  referente a la transmisión en televisión nacional y en horario al alcance de la niñez,  de cierto programa de farándula que concertó públicamente entrenar a una joven cuyo comportamiento soez y ofensivo representa para ellos un aporte al aumento de su rating.

En la gran mayoría,  pude observar que aquellas publicaciones exigían respeto para quienes hemos dedicado varios años de nuestras vidas a instruirnos acerca de cómo redactar,  cómo hablar frente al público,  a reflejar un buen tono de voz,  a cómo alcanzar a las masas y cómo ayudar a su progreso;  ya que la comunicación social y  el periodismo  ¡señores!,  no trata de lanzar una noticia cuál bomba a un pueblo,  sino de afrontar un acontecimiento,  y “darle la vuelta” de tal forma que las masas a más de informarse,  puedan conocer acerca de qué hacer con esa vivencia y trabajar para mejorar su entorno.  De eso tratan  -o deberían tratar-  los programas diseñados,  tales como revistas familiares,  los de opinión,  las notas de columnistas y demás.  Es por ello,  que me siento muy elogiada tras el notorio respaldo de los “amigos” de Facebook que protestan a favor del respeto hacia esta carrera que ha sido señalada como intrascendente,  por lo menos hasta hoy,  conforme a lo que mi perspectiva pinta.

Hasta hace breves minutos, me parecía inútil manifestarme en contra de aquella joven que sólo es una víctima más de nuestros actos. ¿Por qué?  Si Ustedes observan  -como yo-  este programa, se darán cuenta que al presentar a sus auspiciantes,  lo máximo que llegan es a 02 proveedores…. ¡Ni uno más!.  Y es que este tipo de acciones sensacionalistas,  responden a la promoción de un programa que sólo se hacían notas entre ellos para llenar sus reportajes: “que si fulanito se separó,  o menganita se ofendió,  o sutanito le pidió regresar,  etc.”  Somos causantes de nuestra propia desgracia,  razón por la cual se agarraron de esta señorita,   que si bien no es un ejemplo de vida  -a propósito de que ninguno lo somos-  es una persona que hasta hoy únicamente era popular por ser precursora de frases,  que ya se venían publicando en redes sociales con gran acogida.

Otro motivo que me ha llevado a escribir a estas alturas,  es que en uno de esos mensajes de rechazo en la que se compartió la imagen de la señorita “rescatada”,  se manifestaba que no era ejemplo por sus tatuajes,  perforaciones y clase.  No creo que sea preciso que entremos a debates de estereotipos.  Una cosa es que se drogue (que como enfermedad,  y como tal necesita ayuda,  ya que al momento está en la incapacidad de saber si hace o no lo correcto,  pues su falencia la ha vuelto “famosa”),  y otra muy diferente es que manifiesten que no es digna de ejemplo por sus tatuajes,  perforaciones y estatus que no tienen nada que ver.  No creo que mi título,  ni el de nadie,  otorgue la autoridad de decidir si un tatuaje es bueno o malo,  a más de ser debates de antaño que no pienso retomar porque podría caer en coma repentino con tanto tema por disolver.

En fin, para concluir… Me tomé el atrevimiento de publicar esta nota,  ya que en una sugerencia de you tube,  pude observar parte de la “sesión rehabilitadora” que hizo este programa con la chica,  en la cual sentaron a su costado a todos los reporteros que laboran para el medio,  mismo en el que se observó a una “Combatiente”,  diciéndole a la novata que le iba a enseñar todo los truquitos sensuales para que pueda hacer sus notas.   Por ello,  viajé brevemente al pasado y recordando la llegada de ella en “Combate” (Programa considerado para niños según sus productores),  se me proyectaron unas imágenes en las que sus compañeros se quejaban,  porque ella los había amenazado con “Partirles la trompa”. 
No juzgo su círculo social y su forma de interactuar, juzgo la capacidad irracional de creerse con la habilidad de entrenar a alguien más.

Sé de personas sin título, que ejercen en rangos altos en medios de comunicación y cuya labor es merecedora de todo el respeto posible.  Pero eso no significa,  que cualquiera que haya tenido padrino y se haya bautizado,  con sólo par de meses de experiencia,  se crea con la certificación de capacitar futuros periodistas.  
Ser comunicador no es menear la cola;   todo lo contrario,  es quien sin menearla está al frente influyendo a manera positiva y sin alterar tus creencias y virtudes.

Nota mental Señores,  no demos publicidad a programas que no queremos promover. 

En fin....
Aunque seguramente hagan caso omiso y muchos enciendan hoy el TV logrando obtener la primicia de la historia de la nueva reportera,  recuerden que el fin de este medio es alcanzar el rating esperado aprovechándose de la situación social de una joven,  que lo que necesita es rehabilitarse y no que se le enseñe a sacar provecho de un problema social que agobian a muchas familias ecuatorianas y que tarde o temprano la destruirá.




viernes, 29 de mayo de 2015

Ni herida, ni puñal

Después de mil años sin saber cómo retornar a este medio,  me encuentro de vuelta debido a una muy profunda conversación a la que le daré el crédito a una amiga cercana,  misma a la que pertenecen ciertos vocablos,  de los cuales me apoyaré para el desarrollo del texto que he determinado publicar hoy. 

Lamentablemente, son muchos los acontecimientos que nos suelen alejar de nuestras pasiones y que contribuyen a que nos proyectemos en la vida como personas “rotas”,  ya que cada quien debe enfrentar sus "propios demonios" en el diario vivir,  encerrándose en cosas sin mayor importancia. 

Razones de sobra tenemos para poder enfrentar nuestras falencias,  ya que somos seres pensantes de inteligencia ilimitada, que podemos desarrollarnos conforme a nuestras creencias;  y porque el destino,  y el mismo creador de este universo es quien nos va modelando con un sello particular,  determinando habilidades que nos representarán durante nuestro paso por esta vida.


¿Qué por qué estamos rotos y rotas?

Sin duda el crecer,  desarrollar y evolucionar,  nos lleva a vivir etapas que suelen afectarnos durante el resto de nuestras vidas:
-          Nivel socioeconómico.
-          Identidad sexual.
-          Racismo.
-          Rechazo por grupos diversos:  chicos populares,  intelectuales,  etc.
-          Ausencia de los pilares fundamentales familiares.
-          Falta de autoestima.
-          Abusos y maltratos perpetrados en el núcleo familiar,  etc.

Esto no sucede porque existan más personas malas que buenas  -asumiendo que nosotros somos los buenos siempre-  sino porque solemos ser víctimas y victimarios en los diferentes roles que nos otorga la sociedad;  y es que por ser humanos y llenos de defectos,  es inevitable que seamos la herida,  y otras veces el puñal.

Acordemos que los males que hoy nos frustran,  sucedieron y tuvieron su relevancia en su espacio de tiempo,  pero ha sido y será siempre decisión nuestra,  mantener la postura de la persona afectada por la que el mundo debe sentir pena y compasión,  o agarrar la toalla secar las lágrimas y continuar caminando. 

Yo misma,  como ser humano,  mujer,  hija y amiga,  no puedo dignarme en afirmar que lo he logrado,  ni que sea un ejemplo de absolutamente nada    -y probablemente este escrito sea sólo un respaldo de lo que deseo lograr aún para mi vida-    pero lo cierto es que quiero compartir este sentimiento y que Ustedes también puedan reflexionar acerca de lo que están haciendo y hacia dónde quieren llegar.

Sostengamos un hecho real,  “Somos herida y luego puñal”.  La meta es reducir la afectación para no devolver el mal causado,  propósito válido para quienes deseen plantear un cambio hoy y guardar sus “demonios” para desahogos propios que no deberían lastimar a ningún tercero.

Eso de que “mis novios siempre son iguales,  son infieles,  son mentirosos”;  o esa historia de nunca acabar de la niña que vivió el maltrato hacia su madre y que al crecer se convirtió en madre maltratada,  no son más que estereotipos creados a base de la ausencia de autoestima,  falta de valores y demás,   que debemos romper e interiorizar para poder afrontar las diversas situaciones:
¿Merezco yo aquello?
¿Qué estoy haciendo por cambiarlo?
Y lo más importante,   ¿debo esperar a que cambie? ¿es este cuadro lo que deseo heredar para mis hijos?  ¿es ese hombre/mujer merecedor de mis desvelos?  ¿estoy encaminado (a) para lograr alcanzar mis sueños en la vida? ¿cuánto tiempo he invertido esperando el cambio? ¿cuántas veces me ha sucedido? ¿por qué yo?
¿Lograste responder todas?... Bien,  ahora a dar soluciones.
¿No es tu situación? … Felicidades,  quizás tus demonios son de otro tipo.  Examínate,  recuerda que el éxito está en no ser herida,  ni puñal.
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¿Cómo seguir adelante luego de un rompimiento amoroso?  No sé acerca de aquello;  sin embargo,  de nadie se ha oído que se le ha hecho trizas el corazón.
Y si tú oíste algo que sí causó algún padecimiento mortal luego de un rompimiento,  realmente no era amor,  era enfermedad… Y todas las enfermedades se curan,  o se controlan para hacerlas llevaderas.
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Coincidamos en que “El universo nos quiere decir algo” a cada instancia de nuestras vidas,   y en que nunca es tarde para iniciar una transformación,  para proyectarnos estables emocionalmente y para incrementar nuestra autoestima.  Basta con los abusos,  con las sumisiones,  con el yo no puedo.  Deja de culpar a los demás,  por tus falencias:  
“Qué culpa tiene la piedra,  que te hayas encariñado chocar con ella”.



Quizás si tú cambias,  te conviertas también en un estereotipo. 
Uno digno de imitación.


Preciosa luz

Pequeño angelito,  dulce y fugaz,
Tus alitas fueron tejidas para el cielo surcar;
Inocencia reflejaste en tu paso por la vida,
No había maldad en tu alma,  ausente de tiranías.

Un lustro era la consigna para construir tu legado,
Bienaventurados tus abuelitos que tus sueños velaron;
Sacudiste muchas vidas,  como numerosas olas del mar,
Dichosos los Arcángeles que hoy contigo se disponen a jugar.

Dios,  no permitas decaiga su madre agonizante,
Rodéala de tu presencia y sé su apoyo constante.
¡Adiós pequeñita,  adiós preciosa luz!

Junto a Dios y en su manto, hoy te encuentras  ¡Tú!.




martes, 24 de febrero de 2015

Promesa


Llegará el día de amar sin temor a pérdidas, 
De calmar ese vaivén de emociones y ese río de reproches desbordado por la intriga,
En un santiamén se irán los fantasmas huraños,
En aquel sutil instante de besar cicatrices subsanadas con los años,
Y de elevar los latidos imperecederos de un pecho que con honra,  hará llamarse mío.

De olvidarse de largas y caóticas conversaciones con la almohada,
Y  suprimir el envío inútil de aquellos besos malgastados en el vacío,
La austera luna tendrá a bien alumbrarnos,
Sugiriendo al destino que su aturdidor juego ha culminado,
Y que continúe su camino con otro borrego melindroso.

Tengo fe en que soy parte de la osamenta arrancada de un buen hombre,
Dichosa estoy por conocer lo prometido que pronto llega,
Caminando firme me eternizo por el desierto sendero, 
Aquí,  bajo este mismo cielo,  dedicando estas líneas disipadas,
En que el Todopoderoso me comenta que pronto encontrarán ¡Al Fin!,  a aquel a quien han sido dedicadas.


viernes, 13 de febrero de 2015

Mojigatas, virginales y putas


Hoy,  14 de febrero,  decidí dedicar estas líneas a las terribles y endebles mujeres.  ¡Sí!,  precisamente a este género loco que nunca se rinde y que es más inestable que las olas del mar ante la aproximación de un tsunami.

Unas pocas palabras para aquellas que la sociedad denomina como mojigatas,  cuando deciden vivir su vida como mejor les parezca, manteniendo su inquietante sobriedad;  para aquellas virginales que deciden no entrarle a nadie,  porque prefieren la soledad antes que la virilidad de un idiota;  para aquellas putas que no temen mostrarse frontales si abordan asuntos que la humanidad en general ha heredado únicamente a los hombres.

Amigas y enemigas,   que la vida  decidió convertirnos en hermanas por el simple hecho de compartir un mismo sentir.  Mujeres de robles que se doblan con un cólico y damiselas indefensas ante la flama de una gran pasión.  A Ustedes mujeres,  amigas,  enemigas,  hermanas,  mojigatas,  virginales y putas,  que se entregan por completo a un monumental amor y que ignoran con entereza los juegos opacos y dramáticos que la vida suele interponer al paso…  A Ustedes temibles mujeres les pido:  no paren de crecer,  no se oculten tras facetas,  no se apaguen por pasiones no correspondidas,  no frenen sus voluntades,  no olviden sus sueños,  ni exorcicen sus bajas pasiones,  porque aunque quizás hoy sus historias sólo tracen garabatos y desdenes,  ese es el sendero que marca la diferencia y en el que seguramente,  tarde que temprano,  otras pisadas se unirán a acompañarlas en este corto viaje llamado vida.


Y a ti mujer que me leíste sin querer y tienes pareja,   novio y/o amante…. Bendita seas tú,  mojigata,  virginal y puta,  que encontraste a quien valora tu torpeza,  tu inocencia y tu fiereza al momento de amar.

No estamos solas,
¡Feliz Día Del Amor Y La Amistad!


lunes, 26 de enero de 2015

Él

Intacto e implacable permanecía su estúpido orgullo,
Luciendo un desmadre de groserías como coraza a cualquier sentimentalismo,
Ensimismado se hallaba en su vil genialidad,
Desplegando sonrisas falsas pretendía callar su verdad.

Intelectual arcaico y de pobreza extrema en sensatez,
Buscaba amar y ser amado por cualquier ser llamado mujer,
Las luces de la vida y la melodía triste del corazón,
Danzaban incómodos el tono irónico de una cruel canción.

Cualquier cama era testigo de una noche de lujuria,
Inducido por su insaciable e inexperto afán de cometer locuras,
A diario despertaba envuelto de diferentes aromas,
Jugando a enamorarse todas las noches en diferentes alcobas.