jueves, 22 de diciembre de 2016

María



     Cuenta la historia que una hermosa pequeña de cabellos dorados y ojos saltones color marrón,  tenía un gusto particular por la Navidad y las pequeñas exquisiteces que se derivaban de la misma: el olor inconfundible que expide la mezcla entre la canela y las pasas,  el aroma a pan recién salido del horno, las lucecitas navideñas y su particular canto, inclusive el trinar de las aves emanaba una melodía que la envolvía en una alegría exorbitante.

     Sus manitas blancas dejaban entrever las cicatrices de una niñez bastante ajetreada.  Las uñas un tanto descuidadas,  resultaban ser criadero de gérmenes por aquellas aventuras preparando deliciosas tortillitas de lodo que eran la adoración de sus comensales imaginarios; así también era dueña de una amplia sonrisa nada perfecta,  pero significativamente enternecedora en su conjunto. Era huérfana de madre desde los 4 y a su padre aunque no lo conoció, se estaba al tanto que también había fallecido. 

     Todos los días de diciembre,  eran un digno escenario donde se podía sentir esa peculiar calidez,  que hacia una combinación perfecta con la suave brisa que emanaban los almendros ubicados en el portón del instituto en el que permanecía interna la pequeña María.  Su despertar  -cosa compleja-  era más anticipado que el canto del gallo somnoliento que vivía en el patio trasero.  María,  una vez de pie,  cumplía a la perfección con su mecanizada rutina: dirigirse al césped que rodeaba los sublimes almendros,  para acto seguido arrancarse las chanclas de un solo tirón y palpar la suavidad del pasto que conservaba las gotas del rocío de tan soñados días. 

     Debido a la desnutrición vivida durante sus primeros años de existencia, su estatura y peso no iban en armonía para alguien de su edad;  pero aunque era pequeñita en estatura,  tenía una vasta popularidad entre sus compañeritas de terapia,  a más de un gran don en cuestiones de costura y elaboración de tapetes… Claro está que no era experta y que sus obras iban acorde a sus conocimientos  -sin embargo-  no lo hacía nada mal pese a la ausencia de fundamentos.

     La tía Josefina era quien cuidaba y educaba a la niña permanentemente, una cincuentona muy jovial que laboraba paralelamente en un muy conocido centro hospitalario. Ella se había convertido en el pilar que necesitaba María para seguir viviendo su infancia al máximo. Arreglaba su habitación, le ayudaba a elegir su vestimenta, le enseñaba bordado en sus tiempos libres, y le arreglaba su larga y lisa cabellera a fin de que luciera siempre pulcra ante sus amigos.

     Los días pasaron con gran rapidez uno tras otro  -y sin darse cuenta-  la añorada “Noche Buena”, había llegado de sopletón. María despertó con su característica sonrisa,  besó a su tía como de costumbre, tomó su desayuno acompañada de sus vitaminas de siempre,  y al salir al área recreativa del instituto, encontró un pino que tenía colgando muchos adornos, entre ellos: botines, coloridas esferas plásticas,  una hermosa estrella dorada, y varios juegos de luces que abrazaban todo el instituto con melodía acorde a la época.

     Era un verdadero espectáculo, aún más considerando los montones de regalos que tenían los nombres de sus compañeritas grabados en las envolturas; todas ellas estaban acompañadas de tarjetas diseñadas con gran cautela, dibujadas y pinceladas con precisión. La emoción que se dibujaba en la carita de María era por demás enloquecedora, mientras abrazaba su cajita grisácea con suaves detalles de tono púrpura y largos listones color rosa;  esta tenía una llamativa tarjeta de un muñeco de nieve, lugar donde se había estampado un beso,  junto a una corta frase:
-       “Para María, mi eterna sobrinita. Te adora tu tía Josefina.” 

     Pasaban las horas y la tía Josefina lucía su más impecable vestido de color blanco, a fin de estar a la altura de las internas;  procedió a ubicarse en el recibidor, esperando a los familiares de todas y cada una de las niñas que están ingresadas allí;  motivo por el cual, las internas abandonaron sus uniformes desabridos, para posteriormente ataviarse con sus mejores galas. Nuestra chiquilla guardaba para la ocasión un celestial vestido cóctel elaborado en seda color verde lima y un perfecto acabado en tul y encaje en mangas y falda.  

     María como cualquier otra niña, se sentía una verdadera princesa con su vistosa vestimenta y se reflejaba dichosa en el espejo una y otra vez, sin embargo, sus ojos saltones no se encontraron en un breve instante.  Sobrecargándose de recuerdos, observó perpleja a aquella mujer de larga y no tan agolpada cabellera, cuyos ojos apagados hacían conjunto con una frente un tanto agrietada. La pequeña rubia se vio retenida brevemente en el cuerpo de una mujer que había abandonado hace casi 35 años. En un inexplicable santiamén, sonríe la dama y retorna la niña,  sin embargo algo empezó a recabar lo más hondo de su alma, como quien tiene un leve recuerdo que la hace feliz, pero sin asimilar lo que realmente significa tan maravilloso sueño en su interior. La tía Josefina nota el proceso por el que pasó María,  y va de inmediato con el Doctor de cabecera.
Con el paso de las horas, asomaron tres jóvenes de clara cabellera y fina contextura, quienes fueron redirigidos por la tía Josefina hacia la oficina del encargado de los progresos de María, mismo que sin dar tantas vueltas les comenta la positiva mejoría que habría tenido su allegada al recobrar su lucidez brevemente.

     Al cabo de poco rato,  María estaba rodeada de sus amigas de tertulias durante la cena que se desarrollaba en el Instituto Psiquiátrico donde se hallaba internada, luciendo reluciente su novísimo vestido que hacía juego con su angelical sonrisa; mientras que sus tres hijos, la observaban desde el otro lado de la habitación,  con lágrimas que se vertían sobre sus rostros, deseando que sus anhelados “Sueños de Navidad “de tener de vuelta a su madre María, se concedan una vez más en un día como hoy.




Con amor,  para quien me dio la mejor madre del mundo,   abuelita 
María .

domingo, 10 de julio de 2016

El Diario de Bernardo

Ha pasado un mes ya y aún no entiendo bien lo que sucede a mi alrededor,    escuchó decir algo en casa de mamá,  pero la verdad suelo dormir entre una conversación y otra.   Mamá nos mira siempre con sus grandes y pronunciados ojos,  como esperando que entendamos lo que sucede a nuestro alrededor sólo con verla,  y he escuchado que tendré que dejarla porque es necesario que busque hacer mi propio hogar,  entrenar de alguna forma,  y aprender a desenvolverme solo.  No importa cuanto se desgaste mi madre explicándome el asunto,  sigo sin poder comprender todo lo que me intenta decir,  y estoy tan cansado de jugar con mis hermanitos que volveré a tomar una pequeña siesta.



¡Hey!,   ¿y ella?,   ¿quién es ella?,  ¿por qué me bañas? ...
Escúchame una cosita,  no tienes derecho a tocarme,  mojarme,  espolvorearme  y mucho menos a despertarme de esa forma.  Y sí,  aunque me hice encima,  no podía levantarme,  comprende que mis patas aún tambalean incesantes y preferí no arriesgarme a tropezar.


¿Podrías por favor no reír tan fuerte?,  acaso usted sería tan amable de decirme,  dónde está mi madre...
¡Hey!,  sólo míreme,  estoy bastante mojado y empiezo a tambalear,  tiemblo sin poder evitarlo.  Guaaaaauuuuu,  me siento muy cansado,  séqueme despacio,  oh sí,  de esa forma está bastante bien. Gracias,  tomaré otra siesta.



¡Hola! ¡Hola! ¡Hola!...
Todos quieren cargarme, y fotografiarse,  y si que lo han hecho;  a propósito ¿la han visto?,  ¿sí? Yo sí.  Era una hembra de mi especie,  mucho más chica que mi madre,  pero si es como yo,   ¡yuuuupi!
La acorralan y le sugieren que soy su hijo,  pero oigan acaso no entienden lo que les digo… ¡Yo no soy su hijo!.


- Discúlpeme respetable señora perruna,   quiero a mi madre,  ella tiene muchas manchitas,  algunas de color marrón,  otras blancas y otras negras,  me preguntaba si usted la ha visualizado cerca,  sucede que me han traído acá repentinamente,  y nadie me ha avisado que lo iban a hacer.


San Martín,  ¡qué han visto mis ojos!,  pero si son tetitas,  ¿me presta unita para comer?,  siento desfallecer de lo hambriento que estoy.
- Ummm ñami ñami,  seño no me lo tome a mal,  pero aquí no sale nada.
Aunque es rico masticar una y otra vez,   ñami ñami... Gracias señito,  ¿cómo la llaman los humanos?



¡Holitas! Me he quedado dormido otra vez.  Lo siento,  me invade el sueño de una forma tan repentina que sólo me resigno a dormir,  aún en contra de mi voluntad.  Tal parece que una hembra de dos patas ha empezado a buscarme nombre,  y por todo el escándalo que han armado para que los mire,  imagino que dicho nombre será Cabo,   ¿pero por qué Cabo?,  los ignoraré hasta que me devuelvan a mi madre.

   
      Oigan, ¿a dónde me llevan esta vez?,  y por qué insisten que permanezca en este sitio.  Les explico… ¿Ven mis patas?   Pues tengo cuatro y yo camino donde yo quiera y cuando yo quiera,  ¿se ha entendido?.  Y este papel es para…  Oh sí - oh sí,  para despedazar en miles de millones de micro-partículas y hacerlo volar en pedacitos,  me encanta.  Gracias humana,  eres genial.
-          

      ¡Humanos,  humanos!,  ¿me escuchan?,  quiero hacerme y no podré soportar mucho...  Abran la puerta por favor,  Oh-oh empujaré el papel para no ensuciarlo…  Aaaaahhhh me hice. Alivioso sentimiento perruno.


Hey,  pero qué pasó,  no puedo creerlo.... ¡Otra vez al patio! Si tan solo comprendieran que extraño a mi madre y que no quería arruinar su papel.


Ha pasado ya mucho tiempo perruno desde el incidente del papel en la perrera de mis cachorras humanas,  y si mis cálculos no me fallan,  deben ser unos tres meses humanos.  Juego todos los días con las hembras de dos patas y Pulgosa,  esta última sigue creyendo que soy su hijo,  pero ¡shhhh…! No le digan.  En una conversación entre humanos,  escuché que perdió sus cachorros.  Así que cree que soy el bebé perdido,  aunque a veces me hala todo de pies a orejas,  de todas formas es bastante divertido jugar con ella.  Referente a los humanos que cuido,  tengo dos adultos y dos cachorras,  una de ellas muy gruñona,  aunque ladra de una forma diferente,  pero le suele durar poco sus enojos conmigo.  Me llaman Bernardo,  nombre que me dio mi humana gruñona.


La cachorra gruñona me ha comunicado en reiteradas ocasiones que no se encariñará conmigo porque debo irme con su hermano,  que el deberá entrenarme,  que no me bañará nunca más,  y que tendré nuevos amos;  sin embargo,  poco asunto le pongo,  pues yo sólo deseo descansar y dormir,  una y otra vez.  A propósito,  les escribo al rato,  dormiré un poquín más.


¿Hey,  en qué íbamos…?
Guaaaauuuu,   me dormí un ratito o quizás un ratote,  no lo sé.  Y aunque es tarde hay unos animalitos que me están rodeando.  Oh sí - oh sí,  ¿quieren jugar,  verdad que sí?...  Ouch,  pero sin morder,  ouuuch,  pica y duele.  La verdad ya no me está gustando,  deberán irse o les diré a mis humanos para que las corran.


Qué cansado me siento,  no es común,  ya no deseo jugar cachorras humanas, no siento placer por comer,  tampoco por dormir,  ya incluso no puedo mantenerme en pie.  Creo que seguimos cuando me sienta mejor.  Hasta lueguito.


Me he quedado dormido y desperté con algo pegado a mi pata,  respiro agitado,  y sigo con un cansancio terrible,  pareciera que me he transformado repentinamente en un perro adulto,  perezoso y sin energías.  Dormiré un poco más,  veo a mi humana junto a mí.  La amo desde mucho.  Los amo a todos.


Holaaa,  ¿qué hay?,  ya me siento bastante mejor,  aunque todos los humanos y sus cachorros están tristes y al parecer es por mí,  y no saben cuánto lo siento.  Trataré de no dejarlos sin su lamida nunca más,  esto de criar humanos es bastante duro. 


Hey,  ¿han notado ese juguete brillante en medio del azul cielo,  que sale una y otra vez cada día?,  es hermoso cierto,  siento como me llena de energía,  aunque de la misma forma me agota montones,  de todas formas,  ¡qué linda es la vida!. 


Les comento que el cachorro humano ha decidido hacer su vida al igual que yo,  ya no desea entrenarme y no puede tenerme,  me lo ha comentado mi humana gruñona,  y me parece que es la noticia más archimaravillosa del mundo mundial,  ya que mis cachorras me quieren junto a ellas,  y se niegan a regalarme.  Gracias,  muchas gracias, me encanta estar con ustedes,  prometo estar siempre,  siempre,  siempre,  pero primero durmamos un poquín ¿sí? 


¿No les ha pasado que despiertan y ya es su cumpleaños?  Pues sí,  hoy es mi cumpleaños,  ¿y qué creen?... Lo celebraré.  Guaaaaaaaauuu ¡qué alegría siento!, aunque la verdad no sé qué es un cumpleaños,  le preguntaré a Pulgosa.



Mis humanas me compraron una especie de cosa suave y dulzona,  y me lo comí todo.  Me pusieron un pedazo de papel duro con un pico en la cabeza,  y me asfixiaron con sus patas,  colocándolas encima de mí,  trataban de colmarme de lamidas,  pero les gané por mucho en esa batalla.  También tuvimos algunos invitados:  mi cachorras humanas,  Pulgosa y Llaverito,  y aunque llovió muy fuerte,  la pasamos de a pulgas. Llaverito es un gato bastante desagradable, como esos bichos gigantes que comen,  molestan y enferman.  Pobres mis humanas,  dicen que también es mi hermano,  pero su visión es bastante mala.  Bien dicen que los humanos ven en blanco y negro,  y que sus ojos empeoran precipitadamente con los años;  aún recuerdo a mi mamá,  señora perra de los Bernardos de la provincia verde,  nada similar a este inquilino parásito,  pelón y ególatra,  llamado Llaverito. 



Dentro del proceso evolutivo de los humanos,  está el trabajar;  es por eso que mi humana de temperamento gruñón,  ha decidido vivir fuera;  en estatura de perro sería de raza grande,  ya nos hemos medido y sí,  si yo fuese humano sería de la raza de ella.


Me he preocupado por su partida inesperada y le empiezo a dejar pelitos a menudo en todas sus prendas,  a veces en su maleta,  otras en sus jeans,  le babeo sus  zapatos,  muerdo sus bolígrafos,  saco sus prendas de vestir al patio,  las restriego con el lodo,  pero nada de lo que haga parece notarlo;  he pedido a mi mamá Pulgosa para que la convenza de no dejarnos,  pero ya es muy tarde.  La extraño,  ella también es mi mamá  -mi mamá humana-  ojalá pudiera entenderlo cuando me dice que su única hija es Pulgosa.


Oh-oh,  algo brota de mi nariz,  no cesa,  es denso,  fluido, y no me deja respirar,  mi mamá humana ha llegado,  y traté de limpiarme para que no visualice tanta rareza en mí,  sin embargo la noto jadeante,  me ha manifestado que está noche se quedará sentada junto a mí para evitar que derrame más de aquello que se desprende de mi cuerpo.  También la he escuchado decir,  que el humano que me ayuda a estar feliz,  no trabaja hoy.    


Ha vuelto ha salir el juguete dorado en el firmamento,  y vuelvo a ensuciarlo todo,  perdonen humanos,  perdonen  cachorras.  De mi mamá humana empieza a brotar algo de sus ojos,  creo que ambos estamos muy enfermos.
- Tranquila mamá,  mírame,  sonrío para ti.  Ya no te preocupes más.  Duerme,  yo velaré por ti.


Mis humanos me han llevado con el hombre de blanco,  quien me aplicó la dosis de siempre y pidió a mis humanos que adquieran unas tabletas blancas y redondas para que yo trague,  la verdad saben terrible,  pero mi familia está feliz,  y si ellos lo están,  yo colaboraré.


Mi mamá humana me visita todos los fines de semana,  mis otros humanos me cuidan a diario,  me bañan y alimentan.  Guauuuuu,  vida de perro,  vida de reyes.  Pulgosa me contó que cuando llegó no la dejaron entrar de inmediato,  que decidió vivir bajo el auto fuera hasta que la adoptaron,  pero ahora que quiere salir no la dejan ni a la esquina.  Pienso que está pensando con las patas, quién podría entenderla.  ¿Para qué aceptó quedarse,  si quiere salir?


Yo tampoco salgo solo… No porque no me guste,  pero muchos humanos me huyen,  sólo los cachorros de humanos me saludan y suelen llamarme Beethoven,   no los comprendo.  No me conocen y se atreven a llamarme como les antoja,  un día les gritaré “Tufi”,  “Rufina”,  “Genaro” a ver si les gusta.   Incluso los perros de la pandilla del sector me dicen que no ladre porque no creen que sea como ellos,  sin embargo mi mamá humana me dice que soy guapo y le creo.
- ... Momento,  ¿qué es ser guapo?,  no es malo ¿cierto que no?...


Mi madre humana dice que no puedo estar fuera porque me puedo enfermar otra vez de esos bichitos picosos.  Aunque el humano que visita perros y me cura,   le murmuró en una de nuestras visitas que lamentablemente es una enfermedad para toda la vida.  


Hoy por segunda vez,   esos brillos constantes en el cielo oscuro  y aquellos terribles ruidos intensos han acaparado mi máxima atención.  Llega un momento durante la noche,  que alcanza su máxima algarabía y mi mamá humana por tradición se sienta junto a Pulgosa y a mí en el patio trasero,  trata de abrazarnos,  de acariciarnos, pero el insoportable bullicio no permite que le preste mayor atención.

- Ouccchhhh me lastimé.
Mi humana me acaricia una y otra vez una protuberancia que brotó inmediato como reacción del golpezazo que me he dado,  me han prometido que ya pasó lo peor,  que duerma y esté tranquilo,  que ya no lo escucharé más...  Ella intenta dejarnos cómodos y descansos,  como si eso fuese posible después de tremendo alboroto,  y  luego tal y como es su costumbre,  va a abrazar a sus otros humanos,  aunque terminan mandándola a bañarse siempre.  Creo que a ella también se le impregnan los bichitos que nos hacen agotar,  pobre.


Ha amanecido y es uno de esos días que nos sofoca intensamente,  siento que no puedo respirar. Empiezo a sentirme mal,  dormiré un poco nuevamente.


Tengo mucha sed,  ¿qué paso mamá humana,  mamá Pulgosa? ¿Por qué lloran todos? Veamos si entiendo,  primero dejen me pongo de pie…. Wooouuuu se mueve todo,  no puedo caminar.  ¿Por qué me abrazan? ¿A dónde vamos?




Mi mamá humana está muy enferma,  brota mucho líquido transparente de sus ojos,  ¿Humano Doc haga algo por ella?,  su líquido brota,  cómo suele fluir aquel líquido de mi nariz.  Me preocupa,  me he debilitado nuevamente.  Tendré que dormir un poquito.


De regreso a casa,  mis humanas decidieron cortarme el pelo bastante bajito,  casi casi no lo noto,  parezco una rata de 1,70 y vaya que esos animales son feos,  mis humanas siempre se escandalizan al ver una.  Por ahora me siento menos acalorado,  aunque pica mucho la piel.


Así han transcurridos varios días,  y la más cachorra de la familia de mis humanos,  dice que es mi nueva mamá,  me lleva al veterinario,  me da las famosas tabletas,  me acompaña en mis comidas,  y me comenta lo increíblemente visible,  que mi piel está muy lastimada.


Mis otras humanas aún no llegan de sus respectivos trabajos;  al parecer nadie que no sea la cachorra menor de pelaje abultado,  puede tocarme  y medicarme.  No reniego,  aunque duele muchísimo,  lo hace por mi bien dice,  no la mordería,  sólo quiero besarla,  lamerla,  apapacharla.



¡Holaaaa mundo!,  ya han pasado dos meses y tengo pelo otra vez,  mi mamá humana dice que me veo muy guapo,  y nos hemos sacado una foto;  sigo sin entender qué es ser guapo.  ¿Mami Pulgosa me explicas?



El humano llamado Doc,  le explica a mi humana gruñona que  -a propósito ya vive conmigo nuevamente-  que debe llevarme a lugares fríos,  obsequiarme,  cederme,  regalarme...  Ella se lamenta mucho y sigue “desaguándose” por los ojos;  de repente salta a la vista un humano macho en aquel lugar,  que le pide que me donen a la milicia,  mi mamá se niega,  expresando que siempre necesitaré mis pastillas,  que no desea verme sufrir por falta de atención,  que soy su bebé,  que no lo hará.  El humano le comentó,  ahora menos animado que al iniciar la oferta,   que si yo estaba enfermo era mejor que no lo haga,  porque no completaría el entrenamiento;  sin embargo era buena idea que estuviera con ellos y no en casa.  Mamá llora y se lamenta,  pero no lo piensa y abandonamos el lugar.



 -  Hola cola,  larga cola,  peluda cola,  me dejas verte,  por fas,  por fas…  Algo me pica.  Oh-oh.  Debo limpiarla antes que mis humanas se preocupen.  Muy tarde,  lo notaron,  aquí vamos de nuevo. 


Mis humanos mayores me llevaron a que me quiten eso que salió al inicio de mi cola. Y ahora que mi mamá gruñona regresó a casa,  me cuida y me da mis cosas amargas con la comida.  Cree que no lo noto,  y como no hacerlo si saben a vómito de gato viejo,  pero así la distraigo y no se enferma con ese líquido eterno de sus ojos.


- Hola mundo humano y perruno,  me siento muy bien.  Me paró en cama de mamá para alcanzar a la humana más pequeña que duerme arriba,  creo que está castigada.  Ummmmm....  Humana tenemos que hablar,  mucha rebeldía de tu parte.  Me siento apenado por ella,  ya que recuerdo la ocasión que me sacaron a dormir en el patio por arruinar la perrera de mi humana gruñona.




Mi mamá humana a veces permite que me suba a su cama y le lama la cara.  Se ríe mucho.  Los recibo con aruñazos,  corro muy fuerte,  a veces me dejan correr con ellos,  pero se cansan muy pronto,  y siempre veo gente gritar,  ojalá pudiera masticarlos para ver si mordiéndolos se callan,  pero mis dientes son muy pequeños.  Mis humanas me toman muchas fotos y cuando se distraen me les meto en las suyas.  Resulta divertido.


Empiezo a tener más cosas parecidas a las de mi cola,  e incluso mi cola se ve mal.  Mis humanas me limpian y curan a diario.  Es doloroso,  pero ellas quieren hacerlo.  A veces ya no puedo ponerme de pie,  la última vez vino el doctor y le dijo a mi familia humana que es normal por mi tamaño y peso. No comprendo,  mi mamá humana mide y pesa lo mismo,  y aún camina en dos patas.


A propósito de momentos memorables,  recuerdo aquella vez en la que mi mamá humana llegaba jadeante luego de correr tras otros humanos,  me llamó con un sonido que de todos los perros del mundo,  hubiese sido yo el único en voltearme para verla,  me emocioné tanto  que corrí  a lamer su cara,  quería apapacharla con  todo mi ser y estrujarla con mis patas,  me encantaba verla volver buscándome para jugar.  Realmente es maravilloso tener una familia humana.


Hoy es el cumpleaños de mi humana mayor,  la mamá que el mundo humano me dio.  Duerme hasta tarde y se levanta más tarde aún,  creo que se trata de un tipo de raza que debe hibernar  brevemente para recargar energías,  algo así como un oso que hace fotosíntesis,  ¡qué rara la naturaleza humana!;  fue por esa razón que entré sigilosamente,  me ubique de forma estratégica de manera que pudiera llegar a ella entre tanto pelo que cubre su rostro,  y decidido le lamí el cuello de un sopletón para darle mi felicitación.  Pegó un grito de susto y luego rio a carcajadas. Fue entretenido,  me puso sus patas alrededor de mi cuello y dijo que me amaba,  también te amo mamá.


He notado que cada cierto tiempo,  los humanos suelen estresarse mucho,  y como si eso no bastara,  repentinamente revientan cosas,  no distingo la lejanía o cercanía de las mismas,  sólo me angustio  con los escándolosos truenos,  gritos apabullantes,  calores infernales,  y muñecos de papel bastante escalofriantes. Sí,  definitivamente el día que más temo ha llegado por tercera ocasión.  La verdad todo ese conjunto sin fin,  me altera,  estresa y acalora,  quizás lo mejor en estas circunstancias sea dormir un momento,  en espera que se me pase.



- Escucho de lejos clamar que no lo haga.  ¿Hacer qué?,  es confuso.
Desperté y escuché mi nombre,  mis humanas lucen triste, me pongo de pie y decido ir por algo de agua para beber.  Me siguen como una fiera a su presa,  examinando cada paso que doy,  al final concluyen bañarme por segunda ocasión en este día,  ya que al parecer alguien marcó territorio encima mío mientras dormía. Me preguntó quién habrá sido. 


En la noche,  me dejan dormir en el patio por el “fresco” dicen,  le preguntaré a Pulgosa que significa y si demora mucho,  ya que deseo entrar con mis humanas a su perrera que es realmente reconfortante.  El cielo estaba aún oscuro,  cuando la humana pequeña gritó mi nombre de tal manera, que me despertó de un porrazo.  Sólo estaba durmiendo.  Voy por agua otra vez.  Al parecer los ruidos le afectan también,  es hora que mi humana mayor encierre a la más pequeña para que no escuche muchos ruidos,  tal como lo hace conmigo.


Empiezan a brotar más cositas dolorosas,  similar a la que me extrajeron de la cola,   pierdo mucho pelo otra vez.  Esa cosa brillosa, resplandesciente y bastante calurosa,  situada allá arriba ha pasado varias veces,  y yo continuo inevitablemente fatigado de tanto dolor,  a veces con menos apetito.  Mis humanas resuelven bañarme seguido,  muy seguido.  Gracias mamá,  gracias humana,  gracias humanos mayores,  sólo puedo jadear. Se han opuesto a cortar mi pelo por temor a revivir aquellas memorias de cuando mi piel estaba muy adolorida.  Sólo pueden bañarme y ubicarme junto a mi humano mayor en su habitación cerrada y helada,  se siente como si fuera a anochecer en ese espacio, el viento pega fuerte,  y a mí me ayuda a descansar.


Tengo sueño,  mi mamá humana está hablando sola y raro,  creo que aún no aprende a hablar perruno en esa institución a la que asiste a diario. Teme perder la inversión dice,  y con justa razón, cualquiera con ese nivel bajo en perruno,  podría tener miedo de perder las clases.  Me quedaré a dormir  junto a ella mientras continua estudiando.


Hola a todos,  esta vez desperté bastante débil,  alguien volvió a hacerse sobre mí,  todos mis humanos vierten océanos de lágrimas enteros a mi alrededor,  vaya que están realmente enfermos.
Mis humanas se escriben con el Doc.  La humana pequeña empieza a aullar y derrama galones de agua por sus ojos,  le dijo a mi mamá humana que “debían tomar una decisión”.


Esta quizá sea la noche más larga de todas,  me siento muy cansado y mis humanas no pueden dejar de verter ese líquido.  Me siento bastante aturdido y un poco débil.  La última comida que quise probar fue la de ayer,  fue una crema de brocolí que hizo mi mamá humana;  resultó gracioso la hora de la comida porque ella notó que tenía un grano de arroz en el orificio de mi nariz y fue bastante divertido entender que quería quitármelo de encima.  Reía mucho.  Me gusta verla sonreír.


Amaneció nuevamente y mi mamá humana salió de casa notoriamente enojada,  pidiendo a la otra cachorra de su especie que me llevará con ella al Doc.  Imagino porque quieren compañías mientras averiguan porque se “desaguan” continuamente.  El ambiente en el consultorio se sentía bastante tenso,  y tras revisar mi hocico,  el Doc recomendó algo a mi humana pequeña que la desmoronó totalmente.  De inmediato llegó mi mamá humana,  y tras revisarme de nuevo,  ella se echó junto a mí en el piso bastante abatida,  solo pude acostarme sobre ella para darle consuelo.  Las dos estaban increíblemente tristes y yo no podía entender que sucedía. 
-          - ¿Doc les pasa algo?  ¿Por qué me abrazan tan fuerte?


Mi humana intenta transmitirme paz pero no puedo estar tranquilo,  me soba mi cabeza y dirigiéndose al Doc,  le comentó que era hora.  Me abrazó más fuerte.  ¡Dios qué está sucediéndoles!.
- He notado que algo pasa,  me inyectan constantemente,  no quiero que me duerman como siempre, en esta ocasión ya no tengo sueño,  solo quisiera  entender que le sucede a mi mamá.
- ¿Por qué la pequeña humana salió y nos ha dejado solos?
Doc,  he dicho que no.  Manténgame despierto con mi mamá.
Mamá ¿qué pasa?,  ¿por qué le pides que no sufra? 
Siento tu abrazo desvanecerse de a poco… Se disipan mis sentidos y escucho tus peticiones.  No puedo luchar contra esto que adormece mi ser,  mis patas se inmovilizan,  y alcanzo a escuchar a mi mamá que podré al fin conocer a Lazy,  sería hermoso verla,  mi humana la amaba tanto,  que estaría encantado de conocerla.  Entre sollozos escucho pedirme perdón,  repitiendo que me ama infinidad de veces.  Esta vez no pude corresponder,  solo me mantuve en sus piernas mientras observaba su rostro desencajado,   que alegría que me amen,  pues los amé desde el primer día.





“En memoria de SKYPPER, 
mi gran amor, 
mi eterna pérdida,
poco consuelo,
más que la vida eterna” 















lunes, 7 de marzo de 2016

¡HOLA MUJER!

Hola mujer de enorme o escaso pecho,  poca o enorme espalda,  de eternas o escasas pecas,  de lunares provocativos o poco agraciados,  culpable de poseer boca,  nariz,  uñas y ojos.

Hola mujer culpable de tus encantos y tu cuerpo pronunciado,  causante de morbo por tu ropa ajustada y   por andar coqueteando con esas largas piernas que incitan a que cualquier desequilibrado quiera abrir a fuerza.
  
Hola mujer culpable de andar de boca abierta,  de no poner en práctica las enseñanzas cavernarias,  de no sentarte de forma adecuada.  Culpable por andar de corriente en borracheras,  de preñarte,  de no prever,  y de los eternos diretes que ocasionas con tu accionar.

Hola mujer culpable de calificar de zorra a nuestra misma especie,  culpable de criticar a otra por no vestir “adecuadamente”,  culpable de justificar infidelidades y cubrirte en excusas absurdas acerca el amor y  los hijos para que no se te abandone.

Hola mujer culpable de escudarte en el “hombre es hombre”,  para argumentar una supuesta virilidad.  Culpable por juzgar a aquella que hizo de su cuerpo un campo de cultivos de gran haber.  Culpable por ensañarte con nuestra especie por no saber engendrar.  Culpable por no saberte cuidar y más que nada por preñarte a tu voluntad. 

Hola mujer culpable de morir en situaciones confusas,  de embriagarte y “predisponer por consecuencia a” que se te viole.  Culpable de que en tu mojigatería desees en lo más profundo que se te ultraje.  

Hola mujer culpable de justificar violaciones y muertes para aquellas que su físico es favorable. Culpable de pertenecer a una sociedad que se encarga de inculcar que sin importar la edad,  si alguien nos falta,  es que fuiste “Tú” la culpable de no hacerte respetar.

CULPABLE,  TÚ,  YO,  TODAS…
LAS QUE SEGUIMOS FABRICANDO PRINCESAS QUE DEBEN CUIDARSE DE NO SER VIOLADAS,  EN LUGAR DE EDUCAR PRÍNCIPES QUE SEPAN EL SIGNIFICADO DE “NO ULTRAJAR”.


Indiscutiblemente,  culpables nosotras por olvidar…