jueves, 10 de octubre de 2013

Sabía mucho

Sabía mucho de mí aquel sujeto,
Él era triste e impresionable,
Charlatán  inexperto,
Especie cautiva y fascinante.


Él conocía que mis horas eran amargas,
Aún más rancias sin sus besos,
El minutero solía estancarse,
Sin su lengua rocosa y su pausado aliento.


Sus ojos... ¡Dios,  sus ojos!
Perdíase mi tren bajo su influencia,
Y ya descarrilada la pobre máquina,
Sugería perenne su presencia.


Para él nada en mí le era desconocido,
Para mí su existencia era puñal,
Él  comprendía los trastornos que me producía,           
Mientras yo sus latidos quería acelerar.



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