En un pueblito muy lejano de Sur América, vivía un adolescente amante de la Navidad, su nombre era Carlos Xavier.
Él desde que era pequeño soñaba con ser parte del grupo de duendecillos que laboran durante todo el año para dibujar millones de sonrisas a los niños del mundo.
Solo había un pequeño inconveniente, y es que había crecido tanto pero TAAANTO, que era el chico más alto de entre sus amiguitos y muy seguramente 4 veces el tamaño de los duendecillos.
Liz - su mamá- lo apoyaba siempre, aunque sabía que era imposible que llegado el día,
Papá Noel lo eligiese, puesto que era realmente un chico muy alto.
Pasaron los días, y muy entusiasmado Carlos Xavier se levantó temprano para asistir a la Convocatoria Nacional de Duendes.
Lucía un hermoso traje verde, que tenía mucha similitud con las hojas recién florecidas de las rosas de su jardín; también destacaban unas largas medias rayadas de colores: verde-rojo y blanco , que le había enviado su abuelita desde la ciudad; y un sombrero bastante peculiar de 3 picos con un hermoso cascabel en cada uno de ellos.
Carlos Xavier confiaba en la bondad de Papá Noel y estaba segurísimo que sus deseos iban a realizarse. Pero lamentablemente los problemas no esperaron, puesto que todos los candidatos medían menos de un metro de estatura y los malos comentarios no tardaron en llegar.
Como si eso no bastase, al intentar ingresar a la sala de espera, la pequeña puerta empezó a ser el mayor impedimento del joven soñador.
Carlos Xavier destrozado por las burlas, empezó a titubear sobre lo que realmente deseaba y estaba dispuesto a abandonarlo todo.
De pronto, apareció una sonriente chiquilla -tanto que su sonrisa frente al sol, reflejaba la luz como si se tratase de un espejo- ella era Andreita, quien salía del interior de la sala de estar a prestarle una ayudita a nuestro Graaan Amigo.
- ¡Hola tú! :D ¿Por qué te vas?, comentó en tono preocupado Andreita
- Hola… No puedo ingresar, creo que me equivoqué al pensar que podía hacer esto… dijo algo lloroso Carlos Xavier.
Entonces Andreita le propuso imitar a un patito y entre juegos y risas, como por arte de magia… Él ya estaba dentro del lugar.
Carlos Xavier tomó entonces a su pequeñita amiga y la abrazo vigorosamente, ya que le había ayudado y mucho.
Al cabo de unos minutos, a todos los aspirantes a duendecillos se les entregaron unas solicitudes que debían ser llenadas… Y después solo debían esperar por los resultados para saber si eran o no aceptados en la fábrica de sonrisas de Papá Noel.
Aunque fueron muchos los convocados, solo Andreita fue aceptada por su buen corazón; ya que había llegado a oídos de Papá Noel todo lo mal que se habían portado los otros chiquillos con Carlos Xavier.
Sin embargo, Carlos Xavier tampoco fue aceptado, así que se marchó triste a su casa esperando ver a su madre y buscar consuelo en ella.
Doña Liz le explicaba lo duro que era intentar lograr algo en la vida, pero que no por eso debía abandonar sus sueños.
Con el transcurrir de los días, llegó la Noche Buena, y aunque el sueño de Carlos Xavier aún no se veía reflejado, guardaba las esperanzas de intentarlo el año entrante…
Fue precisamente, en ese momento de reflexión cuando llegó “Juank” el Reno para llevar el regalo de Carlos Xavier y adjunto llevaba un mensaje que decía:
“No porque seas distinto, no eres lo que busco…
Eres lo que busco, pero necesito que tú también creas en ti,
Y ahora que lo has hecho, SÉ BIENVENIDO A MI FÁBRICA DE SONRISAS…”
Con amor,
Papá Noel.
De Durán pa' el mundo
Socris :D
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