jueves, 1 de noviembre de 2012

Una Promesa Cumplida


Una mañana de clima acogedor,  ciudad blanca se viste de fiesta.
Trajes en blancos y negros,  un pequeño brindis camuflado,  y cánticos al son de pasillos,  es como cerré este capítulo,  que abrí hace mucho tiempo y hoy he decidido culminar.  Un pequeño viaje a una ciudad donde cualquier  persona no aspira vivir a menos de que irónicamente este muerta.

Ingresar y pasar por inadvertida, fue cuestión de segundos,  solo un sigiloso guardia no confiaba de mí y mis inocentes aspiraciones;  en todo caso,  la misión era compartir parte del día con El Bohemio, Vagabundo,  Loco,  Mujeriego y -acertadamente llamado-  Ruiseñor de América "Julio Jaramillo Laurido"

Instantes de regocijo,  vivieron todas aquellas personas que en medio de la melancolía,  tomaban un breve descanso en tumbas que se tornaban en improvisados asientos,  mientras se deleitaban con esas inolvidables melodías.
Los lagarteros esperaban ansiosos entonar las  notas,  varias señoras de edad avanzada hacían las veces de coro,   un borracho posaba en una esquina,  curiosos  se detenían sonrientes,  y una loca firme a un termo rosa,  pretendiendo beber a la salud del ausente.   Un gran paisaje digno de la mejor portada.

Sin embargo,  al cabo de unos minutos,  nuestros artistas se nos fueron arrebatados para interpretar en otras moradas,  las canciones que aunque bellas,   si se adjuntaban  con recuerdos,  podrían ser un gran puñal.

Decidí continuar mi recorrido,  y visualizaba acciones no muy comunes,  en días no tan normales como éstos:
*Una familia parada frente a un bloque con una vela encendida cada uno,  del más grande al más pequeño -mirando hacia el cielo-  la verdad no sabría decir cual de esa decenas de bóvedas era por la que oraban. 
*Una joven cabizbaja zapateaba tan fuerte el suelo,  que de haberselo propuesto,  hubiese provocado sismos de gran magnitud;  su rostro -húmedo y sonrojado por el llanto-  demostraba su gran dolor…  fue entristecedor,  pues en medio de tantos rostros,  solo ella lloraba y  una chiquilla era su consuelo. 
*En otro aspecto,  un anciano ayudaba a su hijo a hallar  un familiar,  lamentablemente el señor no la halló y el anciano no tuvo fuerzas para continuar con su trabajo como guía.

Obviamente también vislumbré otras actividades,  un tanto comerciales quizás:
Pedazos de torta al paso,  peluches algo desfigurados,  venta de gorras,  feria de comida típica,  pero lo más fuera de común fue la Tómbola de Yanbal.  Sin duda,  ¡Guayaquil de mis amores!

Y aún con la radiante sonrisa del deber cumplido,  cierro esta vez con unas líneas,  que se grabaron en mi memoria,  pero del cual desconozco su título…

“Tus ojos profundos contemplar
Y tu carita de ángel acariciar...

...Y luego entre mis brazos PODERTE BESAR”


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Post arrebatado del Facebook debido a la ocasión,  publicado 3 de noviembre del 2010  a las 00:29
Quien desee compartir este tipo de vivencias,  lo pueden hallar en la puerta 13 -  Cuerpo de bóvedas 193

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