El rapto de infantes -hoy por hoy- está causando pánico a nivel nacional; puesto que circulan por las instituciones educativas los rumores acerca de chiquillos, que han sido arrebatados de los brazos de sus madres.
Es tal la alarma, que todos conocen de un caso similar en los alrededores de su domicilio.
¿Cómo empezó?
Los primeros hechos de los que obtuve conocimiento, se suscitaron en la ciudad de Las Piñas, a lo que incluso podría acertadamente decir, fue uno de los más horribles crímenes que me describieron, ya que encontrar a una criatura extirpada y con dólares de rellenos no es un hecho que cualquiera olvidaría.
¿Por qué no se investigó a fondo?
Por la misma razón que las autoridades piden tranquilidad al pueblo actualmente… POR TEMOR A QUE REINE EL PÁNICO ENTRE LAS FAMILIAS.
Sin embargo, al no informar de un hecho -como el ocurrido- los habitantes dejan de confiar en servidores públicos; los mismos, que en su afán de tranquilizar a la población, se sintieron en capacidad de calificar a una madre hasta de alarmista.
Como puede decirse alarmista a alguien, cuando es su hijo quien le preocupa. O acaso, no todos tememos por un pequeño: un hijo, sobrino, nieto, vecinito, o simplemente una criatura, que sin necesidad de ser de su misma sangre, apela a nuestro lado más sensible …
El tema se ha vuelto un “dime y diretes” entre gendarmes y pobladores, ya que no existen pruebas por ninguna de las partes para comprobar lo contrario.
Si bien es cierto, que existe el tráfico de órganos, también es cierto que no cualquier delincuente rapta a un pequeño y lo asesina…
O quizás NO inmediatamente.
Pensemos fríamente…
Los órganos necesitan un debido procedimiento, para su conservación: equipos adecuados, doctores, quirófanos e indumentaria esterilizada.
Es un completo despliegue tecnológico, para lo cual no estamos preparados -por lo menos, no en su totalidad- en Ecuador.
¿Cómo podríamos evitarlo?
No existe mejor cuidado, que el que proporcionamos los padres.
Velar por nuestros pequeños, es tarea de todos. La sociedad debe luchar por el bienestar total de cada uno de sus componentes.
No alborotemos masas con escándalos,
los chismes de aquellos que no poseen oficio,
y que no nos llevan a ninguna parte, más que a la consternación.
Ahora es cuando me pregunto, ¿Dónde están los gobernantes y sus benditas cadenas?
De Durán pa el Mundo
Socris
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