Hay días en que ningún motivo es lo suficientemente grande para levantarnos de la cama.
Arrastrar una mirada pérdida, que no encuentra la luz al final del túnel, durante el transcurso de las horas.
A menudo, suelo ir de un lugar a otro con destino incierto y tristemente observo situaciones, que bofetean mi rostro al ver en otros ese sentido de lucha, con el que se levantan cada día.
Sentido por demás inspirador, pero que por no pertenecerme, no hago mío.
Aquella lágrimita aun se encuentra en cierta esquina, esperando una insignificancia para salir precipitosa y ver la luz por sí misma, ya que como propietaria, aun no le he otorgado ni ese absurdo privilegio.
Hasta tanto, mi orgullo ha procedido a hacer un intento fallido de lavado de cerebro a esa parte de mí, que deja de funcionar, cuando esperanza y alegría caen cansadas por esa respuesta que aun no escuchan.
Y en medio de tanto disturbio, sólo recepto una voz de aliento procedente del exterior, y quizás sea esa mi mayor tristeza... Mi madre, que con gestos tiernos está buscándome respuestas, porque sabe que mis preguntas están atormentándome.
De Durán pa el mundo
Socris
No hay comentarios:
Publicar un comentario